Director: Miguel Ángel Jiménez
Reparto: Willem Dafoe, Vic Carmen Sonne, Emma Suárez
Género: Drama
No cabe duda de que le gusta Grecia. Una de sus películas más conocidas, “Una ventana al mar” (2019), trataba sobre una mujer madura de Bilbao (interpretada por la gran Emma Suárez) que, luego de ser diagnosticada con una grave enfermedad, decidía viajar a la isla de Nisyros, donde redescubría el amor.
Ahora, en “The Birthday Party”, que se estrena de manera simultánea en salas limitadas, en digital y ‘on demand’, el director español Miguel Ángel Jiménez se aleja de nuestro idioma para centrarse en un relato hablado (casi) completamente en inglés que, sin embargo, le permite reencontrarse con las tierras helénicas y trabajar de nuevo con Suárez, colocada esta vez en un rol todavía importante, pero desplazada del protagonismo por el siempre notable Willem Dafoe.
En el filme, basado en una novela de Panos Karnezis, Dafoe interpreta a Marcos Timoleon, un magnate griego inspirado en Aristóteles Onassis que tiene su propia isla y que decide organizar en ella una lujosa fiesta para celebrar el cumpleanos de su hija Sofia (Vic Carmen Sonne), quien lleva una vida descontrolada y que guarda además un secreto que podría perjudicar al imperio regentado por su padre.
“Todo el mundo necesita mi permiso”, dice en cierto momento Timoleon, cuyo poder y egocentrismo parecen no tener límites, y que, al ser comparado en cierto momento con el protagonista de “The Godfather”, responde que la referencia adecuada sería “Jaws”. Pese a no pertenecer a la mafia, se trata de un personaje tan carismático como arrogante, y se requería de un intérprete de la talla de Dafoe para lograr que conectara con el público (además, claro está, de colocarlo bajo la sombra permanente de un hecho particularmente trágico del pasado).
La cinta deambula frecuentemente entre sus distintos personajes, lo que la lleva ocasionalmente a perder el foco pero se presta, en contraparte, para intervenciones ciertamente interesantes. En realidad, lo único malo por ese lado es el empleo del inglés en escenas que tendrían que haber sido en griego (pero que, por supuesto, no podrían haber sido interpretadas por los actores aludidos), así como la imposición de una mezcla de acentos y nacionalidades que llega a ser desconcertante.
Sin embargo, el carácter dramático siempre funciona, impulsado por actuaciones de alto vuelo y por un entorno en el que todo el mundo fuma como loco (una muestra clara de que estamos ante un film europeo que transcurre además en los ‘70) mientras se desplaza dentro de una bulliciosa celebración en la que participa el mismísimo Eric Burdon al lado de sus Animals (es decir, un detalle definitivamente apreciable para quienes gustamos del buen rock’n’roll).
Finalmente, no disgusta para nada el modo en que se nos expone a los hermosos paisajes retratados, fotografiados con incuestionable vuelo artístico por Gris Jordana, quien se ha hecho conocida por su trabajo en las miniseries televisivas de Los Javis, un dúo creativo que ha dado mucho de qué hablar en la escena español del audiovisual.