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ESTRENOS DE HALLOWEEN. ‘Clayface’ le inyecta una saludable dosis de ‘body horror’ al DCU

Tom Rhys Harries en una escena de "Clayface".
(Warner Bros. Pictures)

Sí, la “Speak No Evil” del 2024 era un ‘remake’ de una brillante y brutal cinta danesa-holandesa del 2022 que no necesitaba ser rehecha; pero era un ‘remake’ inusualmente efectivo que, más allá de los cambios complacientes que le hacía al desenlace, tenía los méritos suficientes para cimentar la reputación de su director como uno de los cineastas más competentes en el área del terror contemporáneo.

Y es que, a esas alturas, James Watkins (el mentado realizador) había tenido ya dos incursiones positivas en el género, “Eden Lake” (2008) y “The Woman in Black” (2012), con las que había demostrado que podía manejar con solvencia tanto la vertiente contemporánea, humana y salvaje de la escuela como la más tradicional, sobrenatural y elegante.

Todo esto viene a cuento debido a que Watkins es, justamente, el director de “Clayface”, el estreno que nos toca analizar esta semana, y que, para los incautos, parecía ser una propuesta de superhéroes, pero que como los fans sabían, iba a sumergirse generosamente en el género de los espantos con la finalidad de recuperar el espíritu más oscuro del personaje que apareció por primera vez, y en una modalidad muy distinta, en los cómics de Batman de los años ‘40.

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En ese sentido, es de conocimiento público que Mike Flanagan, la eminencia del terror que ha estado al mando de varias películas y series televisivas, creó el guión original de esta cinta (que él mismo iba originalmente a dirigir) inspirándose en los dos episodios de “Batman: The Animated Series” (1992-1995) que ponían al frente a Matt Hagen, un actor desesperado por la desfiguración facial que había sufrido y que, por ello, necesitaba recurrir a una fórmula regeneradora administrada por un mafioso para el que tenía que hacer ciertos ‘trabajitos’.

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Pese a que la versión final de los textos le correspondió a Hossein Amini (“Drive”), quien trabajó estrechamente con Watkins en las modificaciones, todo parece indicar que los lineamientos generales de Flanagan (quien aparece acreditado como autor único de la historia) se mantuvieron.

Sea como sea, el Hagen que terminamos viendo ahora en la pantalla no es solo presentado antes del desfiguramiento, sino que se lo rodea siempre de circunstancias afectivas y emocionales que aumentan considerablemente la capacidad de empatía del espectador, y que son navegadas de modo particularmente competente por Tom Rhys Harries, un actor galés poco conocido cuyo rostro, tan atractivo como flexible, termina siendo ideal para las necesidades expresivas del relato.

En este caso, Hagen es un joven procedente de un barrio pobre de Gotham City que se esforzado mucho para salir adelante y que, luego de ser nominado a un Oscar, parece tener por delante un futuro lleno de éxitos; pero todo esto se ve súbitamente interrumpido cuando, en una noche de copas, una noche loca (como diría María Conchita), decide involucrarse conscientemente (bueno, luego de consumir ‘molly’) con Mia Torrez (Joana Ribeiro), la sensual novia de Markos Szabo (David Dencik), un capo de la mafia que parece manejar la ciudad a su antojo.

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El desplome completo de su carrera lo mete en una vorágine depresiva que, eventualmente, lo conduce a involucrarse con la Dra. Caitlyn Corr (Naomi Ackie), quien ha creado un tratamiento revolucionario que promete la regeneración de células dañadas pero que, por supuesto, terminará teniendo secuelas catastróficas.

Otra escena del film.
(Warner Bros. Pictures)

Lo que aparta definitivamente a “Clayface” de producciones mayormente enfocadas en el lado amable de las historietas es su crudeza y el uso abundante que hace de la violencia, plasmadas desde el hecho que deja a Hagan con la cara destrozada (que, esta vez, no es un accidente) hasta sus posteriores actos de venganza, e incluyendo las ocasionales escenas de sexo, sustancias ilícitas y desnudez que desfilan por aquí.

Watkins no escatima en el empleo del ‘gore’ ni en esa clase de imágenes grotescas y espeluznantes que te hacen desviar la mirada por lo desagradables que son, y lo demuestra de un modo marcadamente realista para un trabajo que, como se ha revelado, costó cerca de 40 millones de dólares, es decir, una suma irrisoria para una empresa de esta clase.

Aunque los retoques digitales eran inevitables, los efectos prácticos y de maquillaje (combinados con prótesis) son los que más abundan, ofreciendo resultados propios de la vieja escuela que tenemos que recibir con los brazos abiertos en una época como esta, tan dada al CGI y a la IA.

El director y guionista de la nueva sorpresa del cine de espanto ofrece detalles de la cinta que se estrena en salas locales

Pese a lo que hemos señalado, y a que no podemos dejar de recomendarla a todos los adultos amantes de las historietas y de los monstruos, la película, que tiene muchos momentos impactantes, no llega realmente a deslumbrar, porque si bien no se siente nunca que esté copiando algo específico en medio de sus incontables préstamos y/o similitudes con títulos ampliamente conocidos (que van desde “The Fly” hasta “The Substance”, pasando por “Darkman” y “The Invisible Man”), tampoco se siente demasiado original, a diferencia de, por ejemplo, la “Joker” del 2019, que iba por el mismo lado (y que la supera ampliamente en términos intelectuales).

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Sin ser totalmente predecible y sin ceder al recurso del desenlace concesivo, “Clayface” rechaza también la oportunidad de salirse directamente del ‘mainstream’ al no arriesgarse enteramente a aprovechar la clasificación para mayores que ya sabía que obtendría en lo que implica a las posibilidades más carnales de un antihéroe cambiaformas (unas posibilidades que, por cierto, no dejan de insinuarse, y que forman parte de uno de los momentos más sorprendentes del argumento).

Tampoco llama demasiado la atención por su manejo del lenguaje cinematográfico, que resulta bastante funcional, aunque eso no quiere decir que la puesta en escena se encuentre desprovista de encantos, proporcionados mayormente por la representación de Gotham City, plasmada por el director de fotografía Rob (“Hardy Mission: Impossible- Fallout”, “Civil War”) a través de una estética ruda en la que se incluyen campamentos de ‘homeless’, calles descuidadas y basura desparramada.

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