Cuando el cineasta se contactó con el aludido, este no sabía de quién se trataba, porque, hasta el momento, el realizador había tenido una carrera de bajo perfil. Pero supo que era un director de cine, y eso fue suficiente.
“Desde el día en que conocí a Augusto, tuve la sensación de que era una persona en la cual podía confiar completamente, porque nunca hemos firmado un contrato”, nos dijo Valencia, presente en la misma conversación. “Nos dimos la mano un día y dijimos: ‘Oye, hay que hacer esto, brother’; ‘Chévere, hay que hacerlo’”.
“Había muchas personas que no entendían mi proyecto del todo hasta que llegó él”, prosiguió. “Siempre salían con esta idea de que había que hacer cosas propias, de nuestra comunidad, de nuestras costumbres, lo cual es hermoso; pero no podemos hacer películas porque cuestan muy caro, mientras que un doblaje es más eficiente y tiene un montón de ventajas”.
Es importante saber que, más allá de sus intenciones, y fuera de sus limitaciones naturales de presupuesto, Valencia era una persona preparada tanto en el plano artístico como en el técnico, porque ha desempeñado este trabajo desde chico. Además, habla muy bien el inglés, como se nota en las escenas del documental en las que se comunica con personas estadounidenses vinculadas a Disney.
“Me lo enseñaron un poquito en el colegio, pero lo aprendí realmente repitiendo los nombres de los actores y de los directores que aparecían en los créditos de las películas como los pronunciaría alguien que habla inglés”, retomó el intérprete, que es un gran cinéfilo y admirador de Steven Spielberg y George Lucas.
“Y aprendí el quechua por la necesidad de expresarme al mismo tiempo que aprendía el español”, anadió. “Mi mamá, al ser docente de una escuela rural netamente quechuahablante, más que enseñar, iba a alfabetizar a los niños”.
Estar en medio de dos culturas le resultó tan ventajoso como conflictivo. “Al encontrarte en esta posición, sientes que no perteneces a ningún espacio”, aseguró. “Cuando voy al campo, no soy lo suficientemente fuerte como para chambear ocho horas en la tierra, aunque hago mi mejor esfuerzo; y cuando voy a una ciudad grande, me ven como ese provinciano que viene del cerro”.
Sin embargo, ha logrado obtener algo sumamente positivo de la disyuntiva. “¿Qué se hace cuando uno está en el medio de dos territorios? Pues construir puentes, no muros”, dictaminó. “Y el doblaje me ha servido justamente para construirlos”.